Hace algún tiempo, una amiga gerente de una entidad del Tercer Sector, me comentó ese refrán tan hispano "donde manda patrón, no manda marinero". En aquel momento las estrategias de comunicación que estabamos llevando a cabo empezaban a ser sospechosamente incomprensibles para "il Capo di tutti Capi", usease el patrón del barco.
Empezamos a hablar sobre el sentido de la comunicación y la responsabilidad o ética del comunicador.En mi argumentación defendí una de las primeras lecciones que aprendí en esto de la comunicación corporativa, saber distinguir a quién defiendes o para quién es tu trabajo, para la organización o para el presidente. Si es para lo primero sabes que los objetivos son claros, si es para lo segundo corres el riesgo de equivocarte y confundir el objetivo, la realidad de la empresa y el ego del presidente.
Luego se puede dar un caso que es que se te contrate para lo primero y a medida que pase el tiempo te des cuenta que es el ego del presidente,y no los objetivos de la empresa, para el que quieren tus servicios.
Es verdad que el refrán es cierto, las órdenes parten de la parte directiva y el comunicador debe asumir esas órdenes y cumplirlas de la mejor manera que sepas. Pero ahí entra la ética del comunicador ¿qué pasa cuando esas órdenes interfieren en la consecución de los objetivos y evitan mejores resultados? Habitualmente, que te conviertes en una seta cuyo único objetivo es el sueldo de fin de mes.
Un comunicador también tiene su ética y si está involucrado en el proyecto, defenderá este de la mejor manera y sus estratégias buscarán el bien del producto. Decir que una decisión de la directiva no es la correcta o tratar de usar elementos básicos para la consecución de los objetivos no debería ser motivo de discusión o de ruptura entre la dirección y el comunicador. Si se produce esta ruptura quizás sea porque no se tiene confianza en el comunicador o porque haya un conflicto entre la independencia del mismo y la dirección o que el objetivo de tu trabajo ha cambiado de la noche a la mañana.
Cuando el comunicador usa todo su saber y posiciona a la empresa de la mejor manera posible con lo que cuenta, sólo le pueden criticar no poder dar un paso más y para eso puede haber remedio (primero comunicación interna sin abuso de poder y luego aumentar los recursos humanos y económicos). Pero lo que no se puede es, cuando se da resultados, evitar seguir evolucionando y avanzando en temas de comunicación porque el protagonismo se lo empiece a llevar la empresa y no el directivo de turno.
Llegado a este punto, ruptura de la confianza, trabas a la hora de seguir con el trabajo, incomodidad en las maneras y dictadura oral en las órdenes, la ética dice que es mejor abandonar para no ser la marioneta de nadie. El que asuma ser marioneta, antes o después, se dará cuenta que su trabajo de defender unos objetivos ha pasado a un segundo plano y que depende de caer en gracia o no al directivo de turno que quizás llegado el tiempo abandone la empresa y el comunicador con él.
Uno de los peligros del directivo ególatra dictatorial es que no sabe de comunicación y sus órdenes puede que hagan el efecto contrario en pos de una buena comunicación. Está pasando, es una realidad, un departamento de comunicación dividido en 3 áreas sin ningún nexo en común o que ensamble las piezas (llámese director de comunicación) sólo puede producir efectos negativos en la comunicación de la empresa y en el clima laboral de los trabajadores. Es posible que si se hiciera un estudio de clima laboral en las entidades del tercer sector se dedujera que la cúpula directiva mantiene, con sus órdenes, una actitud dictatorial de tal manera que no se llegan a cumplir más objetivos por el mal clima existente.
De igual manera animo a que se hagan estos estudios de clima laboral, siempre existirán setas que prefieran un sueldo a fin de mes que ser consecuente con su ética y desarrollar su creatividad en pos de objetivos positivos, con lo que los directivos pueden estar tranquilos, siempre les saldrá como resultado una empresa éticamente responsable aunque sus trabajadores hayan olvidado el significado de la ética y de sus principios.
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