Después de 33 años de normativa, al margen de caduca, trasnochada y carente de sentido moderno, la Gran Norma de todos, sigue siendo papel mojado para más de uno y los más pro Norma, muchas veces, son los que menos la siguen.
El artículo 35 dice textualmente, “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.” Bien, que se lo digan a los 5 millones de ciudadanos que se encuentran, encontramos, en paro.
Por otro lado el artículo 20 preserva el derecho a expresarse libremente y en unión al artículo 18, el derecho al honor, intimidad, etc, etc.
Pues bien. Los nuevos mecanismos de comunicación son como los antiguos, una vía para el insulto, la mentira y sobretodo la hipocresía alimentados todos estos adjetivos por el afán de notoriedad y poder mediático o imagen pública socialmente aceptada, respetada y envidiada.Hace unos días mantuve una agria conversación en uno de estos medios modernos de comunicación, Twitter, con dos personajes que tienen lo suyo. El uno presume de ser profesor de una prestigiosa universidad y no se avergüenza de ejercer la opinión, que no el periodismo para el que no está capacitado en tantos medios como le pagan. Igual, este defenestrado político metido a labores de comunicación, debería posponer su enriquecimiento en pos de puestos de trabajo para otros que no tienen ni uno sólo no como él que toca prensa, radio, televisión e internet, qué buen parto nos ha salido el gachó!!!
La otra, niña bien, ejemplo de simpatía, buenas maneras, pijerío televisivo y “santidad social”, parece que jamás ha roto un plato y sería la mejor nuera para cualquier suegra, se jacta de ciertas cosas pensando que todos somos tontos y que no podemos llegar a su sapiencia en el conocimiento de las personas como ella.
Todo empezó con un hashtag muy acertado que la Asociación de la Prensa de Madrid ha puesto en circulación con el título de #gratisnotrabajo. Algo muy lógico y que la Norma preserva aunque nadie parece obligado a cumplir. Ante una aportación mía, que en principio nada tenía que ver con el gran (física y socialmente) “comunicador”, se permite insultar llamándome “difamador”, algo que la Rae define como “Desacreditar a alguien, de palabra o por escrito, publicando algo contra su buena opinión y fama”. Y todo porque la niña bien, ante mi certeza de que no sólo en sus comienzos tuvo que pagar para trabajar (o eso dice ella) y ahora cobra hasta por presentar una gala solidaria, afirma con total rotundidad que ella no cobra por presentar galas solidarias o colaborar con las Ong.
Creo que no es desacreditar a nadie, en todo caso descubrir para el conocimiento del resto de la sociedad o en este caso los seguidores del medio moderno, decir que tanto la niña pija como su compañero de cadena, es verdad que ella que yo sepa sólo en una ocasión, cobran de una entidad social todos los años más de 1800 euros por presentar una gala solidaria a la que acuden para leer un papel, en la mayoría de las ocasiones mal leído, que ni ellos mismos escriben.
Y es que la solidaridad mal entendida da estos resultados. Los protagonistas afirman que como es una Ong cobran menos de la mitad de lo que ellos tienen en caché habitualmente. Y todos callan. Ellos se quedan con la imagen de “santos sociales” y todos tan contentos porque se tiene 40 segundos en un informativo, como contrapartida a la factura de marras.
Sí, la Gran Norma que hace 33 años otros escribieron nada dice de estas prácticas. Nada dice que uno preste sus servicios en muchos medios cuando hay muchos que no los pueden prestar en uno sólo. Nada dice de poder llamar difamador a alguien que tiene los pelos de la burra cogidos en la mano, gran refrán de un compañero y amigo periodista desaparecido hace unos años. Nada de las caras bonitas que prestan su imagen de manera retribuida y luego se las quieren dar de “santos solidarios”. Y nada dice de poder dar una imagen y luego ser completamente diferente a la imagen dada.
Yo me uno a #gratisnotrabajo pero también me uno a la transparencia informativa que ni nosotros, los propios periodistas tratamos de potenciar, también me uno a los que reclaman una Gran Norma más adecuada a los tiempos y situaciones que corren. Y sobre todo me uno a poder seguir opinando libremente, sin insultar, con educación y ofreciendo todo el conocimiento que uno puede poseer, porque al final, en esta sociedad de la información, cuanto más conocimiento se tiene, más libre se hace al ser humano y se podrán descubrir a tantos y tantos hipócritas que tenemos por líderes sociales o ejemplos de pulcritud cuando en realidad no son más que meros mortales, con defectos y aciertos, muchas más veces lo primero que lo segundo.